domingo, 9 de junio de 2013

Capítulo decimoquinto.

¡Hola! Aquí pongo el capítulo decimoquinto. Os notifico que haré una nueva pestaña llamada "pensamientos", para que también tengáis otras cosas que leer. En la misma pestaña pondré más detalles. En cuanto a los seguidores... ¡¡Ya sois nueve!! Estoy muy, muy contenta. Cada día somos más. También anuncio que ¡ya tenemos cuenta de twitter y de tuenti!
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Nada más, queridos décimos y décimas.


Capítulo decimoquinto.
Nos dan las armas junto con una enorme chaqueta negra y el cinturón tras esperar una enorme fila, y llegamos a la sala de entrenamiento. Me coloco, de nuevo, en posición de salida y cojo el papel azul cielo. En la tercera facción de las que hay dibujadas en el mismo, aparecen cinco leones. “Mátalos con el cuchillo de tu bolsillo. Suerte.” Pone bajo la imagen. Meto la mano en el bolsillo hasta alcanzar una especie de funda de plástico. En ella, hay un botón en el que pone: pulsar para desplegar. Aprieto mi dedo índice contra él y, de inmediato, aparece ante mí una especie de cuchillo tan largo como mi escuálido brazo pero a la vez tan fino como la hoja de papel que aún sostengo en la mano.

Doy unos cuantos pasos hacia delante hasta adentrarme en un lugar que no me encaja con lo que ponía en el papel… Me encuentro a unos cuantos grados bajo cero, congelándome y en un paisaje un tanto extraño: todo es hielo, pero no como en los polos sur y norte artificiales de Skeyndor (los naturales de hace unos trescientos años acabaron descongelándose por completo, según mi robot de Ciencias de la Historia Natural del instituto) en los que hay relieves en el paisaje, sino que aquí todo es liso, es como en las pistas de patinaje sobre hielo en las que solemos jugar en invierno. Es todo un mar de hielo que se alarga kilómetros y kilómetros a la redonda, pero está completamente desierto. No me cuadra que haya leones por aquí cerca de los que tengo que matar. Pero sé que estarán y que, en cuanto menos me lo espere, saltarán a atacarme. Porque así lo ha planeado Skeyndor. Tengo que estar atenta y no bajar la guardia en ningún momento. Ahora entiendo para qué es la chaqueta que me han dado. Estoy congelándome. Subo la cremallera hasta tapar con la densa tela mi boca y la parte baja de la nariz. También me pongo el gorro de plumas, y empiezo a andar con el cuchillo en la mano mirando a todas partes nerviosamente, dispuesta a atacar en cualquier momento. 

2 comentarios:

  1. Excelente capítulo y gracias por actualizar tan rápidamente :3

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  2. Gracias:) Sí, a partir de ahora actualizaré más a menudo.

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